lunes, 20 de diciembre de 2021

ANTONIO MARÍA BENÍTEZ

 



Antonio María Benítez con su enorme talento plasmó en cada obra la cotidianidad de la vida campesina. Su entorno era silvestre. Entre los cultivos y las faenas del campo, las laderas, el olor a naturaleza y la arqueología de la región, vio en Socha por primera vez la luz de su vida. En ese ambiente aprendió a distinguir los colores y las formas que imprimía en sus pinceladas.

A este humilde hombre del campo, que nació en Socha el 11 de junio de 1934, le debemos los boyacenses que nuestra idiosincrasia se conozca en el contexto nacional e internacional a través de su obra. El Pintor de la Raza ha muerto hoy 20 de diciembre de 2021, en su pueblo natal, haciendo aquello que tanto le gustaba: pintar y disfrutar de la vida sencilla.

Fue el mentor más importante del arte costumbrista y primitivista contemporáneo en Colombia y el ayo de sus hijos. Un hombre de campo que heredó la idiosincrasia rústica del boyacense. La crítica lo considera un pintor costumbrista, impregnado de un aire de magia. Sus cuadros tienen la visión ingenua de un niño y la pincelada de un maestro.

Benítez no tuvo formación académica de la plástica, pero a sus cuadros les dio una perspectiva adecuada y una sensación de movimiento que produce emoción. Decía que cuando pintaba se sentía tranquilo y satisfecho. "Para alcanzar dicho sentimiento me ayudan la soledad y la tranquilidad del campo. Cuando visito la ciudad me incomodo porque ese no es mi mundo, es como si fuera atropellado por una corriente de ruido y de tumulto donde nada sigue su curso natural". Desde muy niño, Benítez se interesó por la pintura, que le brotaba como de un manantial del cual surge la expresión histórica de un pueblo, es su vida, que la llenan el color y las emociones de un país.

En sus cuadros llenos de detalles y de colores vibrantes, inspirados por la naturaleza, se aprecia la visión ingenua de un hombre del campo que plasmaba escenas de la vida diaria. Lo inspiraban, el hombre que trabaja la tierra, las mujeres que cocinan, los cargadores de leña, los niños que juegan en la plaza, los arados tirados por animales y las fiestas de pueblo, entre otros.

Benítez, fue el maestro y fundador del Museo de los Andes. Su actividad paralela a la pintura eran las artesanías. Su esposa es artesana. Con sus manos elaboran grandes tapices bordados que tienden a parecerse a los cuadros. Sus hijos le heredaron el arte. Hoy todos le siguen los pasos con grandes dotes en la pintura.

William Benítez Estepa, Heber Gabriel, Sonia Lucía, Byron de Jesús y Seidy María, son sus hijos. Pintan, William, quien hace réplicas de cuadros originales de pintores famosos; Heber, que trabaja con el paisaje, y Byron que se ha dedicado a la figura humana, el desnudo.

En sus comienzos, la pintura la ejecutó sobre una mesa y con un pincel, luego los cuadros al óleo los hacía en caballete. Pintaba directamente sobre el lienzo sin un boceto preliminar. De su mente fluían las ideas que con la mano corporizaba para que la obra fuera auténtica. Fue su estilo el verdadero dibujo espontáneo e ingenuo, pero no menos valioso.

Benítez decía que la crítica respondía bien a su obra y que, sin embargo, la lucha por ser artista había sido muy dura y llena de dificultades económicas. "Es el recuerdo de la miseria en que se comienza. La cultura se debería descentralizar. Deberían apoyar al artista en su medio, no donde se incomode, pues el artista no se puede desprender del lugar que lo inspira, porque le quitan el alimento vital" .

En sus lienzos primitivistas materializó la campaña del General Simón Bolívar. Aspecto éste que también se vio reflejado en su preocupación por la protección y recuperación que hizo de importante material utilizado por los ejércitos, en la campaña libertadora y en las batallas del Puente de Boyacá y Pantano de Vargas. También, guardaba objetos de la época precolombina y colonial.

En este estadio de su vida, pintó aviones y el paisaje boyacense de las calles empedradas, las costumbres que se heredan del campo y el desnudo en miniaturas. "Pinto directo, saco el acrílico del tubo al pincel y lo plasmo de inmediato porque seca rápido. Aquí no puedo pintar al óleo porque la gente cocina con carbón y el cisco u hollín afecta los cuadros, ya que es demorado para secar". Sus cuadros se caracterizan porque utilizaba los dorados antiguos y los colores más fuertes que conseguía.

"Creo mucho en las leyes naturales, en Dios. La única mujer que conocí es con la que me casé, hay quienes afirman que se es pintor si se tienen por lo menos ocho matrimonios. Uno debe ser recto para que las obras salgan bien. Me inspira mucho mirar lo colonial: los anticuarios, muebles, baúles, santos, de lo que trabajaron los antepasados. Observo el arte indígena que es muy lindo, las ollas, las tallas, su vestimenta y los telares perfectos. En estos últimos elaboraron unas sedas en algodón, que parecen trabajadas con la más alta tecnología moderna. Así como ellos nos dejaron tantas obras debemos heredar a nuestros hijos cosas buenas", decía Benítez.

Antonio María Benítez, el Pintor de la Raza, se fue sin recibir el homenaje que Boyacá y Colombia le adeudaban desde hacía mucho tiempo. Descansa en paz, estimado amigo, algún día volveremos a encontrarnos para seguir compartiendo nuestro mutuo amor por el arte y la poesía... Las obras que aún conservo, las que admiro a diario, mantendrán vivo el recuerdo.


Referencias: El tiempo.com  (Jairo Nope Alonso)


Mi foto
Un soñador, simplemente. Hacedor de versos, creador de canciones e inventor de historias. Paz de Río, Boyacá, Colombia. 23 de abril del año de 1952.